El Périgord, un patrimonio rico...  
 
Con una ocupación humana que data de hace 450.000 años, el Périgord es un territorio histórico excepcional. Los abrigos y grutas del valle de Vézère ofrecen al público un testimonio único de la vida de nuestros ancestros. Aún hoy, el territorio está marcado por restos de ciudades galorromanas, edificios religiosos (arte románico) o fortalezas medievales.

El descubrimiento de grutas y abrigos prehistóricos hace retroceder la historia del Périgord al inicio de los tiempos, pero también se puede decir que la historia del Périgord comienza durante el periodo romano, cuando los habitantes de Dordoña se denominan así mismos "petrocorios". Los primeros testimonios del nacimiento del actual territorio del Périgord se remontan a su adscripción a la provincia romana de Aquitania.
En el s. X, el Périgord se divide en baronías: Beynac, Biron, Bourdeilles y Mareuil. En el s. XII, el Périgord se convierte en condado y se construyen las abadías de Boschaud, Cadouin, Chancelade y Sarlat. Tras la Revolución Francesa, la Asamblea Constituyente da origen a Dordoña y define sus comunas y cantones.
A pesar del éxodo rural de finales del s. XIX, la agricultura continúa siendo una actividad importante, complementada en el s. XX por el desarrollo del turismo.


Sarlat-la-Canéda, un pueblo de arte e historia...
                
Sarlat-la-Canéda ha sabido mantener y conservar las huellas de su historia.
Sarlat-la-Canéda es una villa medieval que se extiende en torno a una gran abadía benedictina de origen carolingio. Señorío monástico, alcanza su apogeo en el s. XIII.

Su origen se pierde en las leyendas. En el s. IX forma parte de las seis grandes abadías del Périgord (Paunat, Belvès, Saint Front de Périgueux, Brantôme, Terrasson). La abadía carolingia de Sarlat es la única que escapó a las incursiones vikingos, gracias a su situación alejada del Dordoña y de sus afluentes. Mantuvo su independencia y, en 1153, pasa a encontrarse bajo la protección directa de la Santa Sede en Roma. Se reconstruyó en la época románica, entre 1125 y 1160. En 1318, fue la sede del nuevo obispado creado por el papa Juan XXII. La iglesia abacial se convirtió en la catedral de la diócesis de Sarlat. Los obispos, que reemplazaron a los abades, comenzaron su transformación arquitectónica, la cual no se terminaría hasta finales del s. XVII.

A partir del s. XIV, obispos y cónsules se reparten el poder hasta la Revolución. Convertida en villa episcopal, Sarlat desempeña un papel importante durante la Guerra de los Cien Años. Reserva de hombres de armas, municiones y víveres, la villa fortificada también contaba con la defensa proporcionada por los castillos situados en los alrededores y pudo prestar ayuda a otras villas asediadas por los ingleses: Belvès, Domme y Montignac. No obstante, pasa a manos de los ingleses tras la firma del Tratado de Brétigny en 1360. La corona francesa recuperará su dominio 10 años más tarde, cuando el condestable Du Guesclin expulsa a los ingleses. La villa, que sigue desempeñando el mismo papel que hasta el momento, debe rendirse en dos ocasiones y acatar las exigencias del capitán de Vivans y el vizconde de Turena.

La rebelión de la Fronda pone fin a este propicio periodo en 1652. Sarlat vuelve a sufrir la ocupación de las tropas de Condé. Correrá la sangre para su liberación. La calidad arquitectónica de sus monumentos y edificios da fe de su dinamismo y su capacidad para mantenerse en los grandes momentos económicos. La desaparición de la diócesis, que se adscribe a la de Périgueux durante la Revolución, le arrebatará su importancia. Convertida en subprefectura, permanece sumida en el letargo durante casi 150 años, para resurgir hace solo 40 años.

Cabe pensar que muchas ciudades francesas contaron con callejones tan curiosos y pintorescos, y monumentos tan bellos como estos, pero el progreso fue destruyendo poco a poco estos tesoros del pasado. Sarlat se salvó milagrosamente gracias a la llamada ley Malraux, promulgada el 4 de agosto de 1962. Esta ley sobre la restauración de zonas protegidas se aplicó por primera vez en Sarlat. El centro de la pequeña villa medieval, con sus 65 monumentos y edificios protegidos, sirvió de operación piloto para establecer la financiación y los criterios de restauración.

«Este es el Paraíso de los franceses» (Henry Miller).
En 1965, las dos comunas de La Canéda y Sarlat se fusionan bajo el nombre de Sarlat-la-Canéda.


Actividades, mucha “naturaleza"...

El departamento de Dordoña, equivalente aproximadamente al antiguo Périgord, es una región “intermedia”: se encuentra situada, de norte a sur, entre el final del Macizo Central y las primeras llanuras de la cuenca aquitana, y, de este a oeste, entre las mesetas calcáreas de Corrèze y de Lot y las campiñas de Charente.
Playa, escalada, senderismo o equitación... Una región única para todos los amantes de la naturaleza y los aficionados a las actividades deportivas.

Sus 922.000 ha hacen de este inmenso departamento el tercero de Francia. Es una región dominada por un bosque que se entremezcla con las parcelas cultivadas. Las colinas y las laderas cubiertas de árboles de landas contrastan con las cañadas y los valles, con sus dameros de pastos y campos.

El Périgord dispone de una amplia gama de actividades. Parques acuáticos acondicionados en extensiones de agua en un medio natural, ríos lentos y sinuosos que a veces se transforman en torrentes en las zonas rocosas… la región hará las delicias de toda la familia. Paseos en canoa o barcazas, paseos a caballo o en calesa, senderos señalizados para paseos en bicicleta o a pie... El Périgord le da la bienvenida a lo genuino. Pocas zonas están industrializadas. En esta soleada región predominan el color verde y los paisajes diversos.  


Los sabores de la tierra

La oca y el pato, sus famosos fuagrás y confites son los principales productos del Périgord. Al igual que las setas, las nueces, las fresas, las castañas y la vid…
El cultivo de productos de la tierra y la ganadería dominan la gastronomía del Périgord.
La cocina, la de verdad, se transmite de madre a hija, se cocina en familia: recetas regionales y preparación de conservas para pasar el invierno. Una tradición de carácter epicúreo, una acogida calurosa y el arte del “buen vivir”: eso es el Périgord.
La nuez del Périgord obtuvo la célebre DOC (Denominación de Origen Controlada) a partir de la cosecha de 2002. La nuez en grano es un producto que combate el colesterol. La del Périgord se obtiene de un cultivo “verde” no contaminante.
El fuagrás de oca o de pato es un producto importante de la región. El primer foie de oca data de hace más de 15.000 años. Hoy en día, toda la región goza de un reconocido prestigio por su “saber hacer”.

El río Dordoña, un valle imponente y rico en actividades turísticas... 
                                      
El Dordoña (en occitano Dordonha) es un curso de agua catalogado en ocasiones como río francés del Macizo Central y de la cuenca aquitana.
El valle del Dordoña está clasificado como región artística e histórica.

Tradicionalmente, en la enseñanza primaria francesa el Dordoña se considera afluente del Garona. Sin embargo, desemboca directamente el mar en el estuario de la Gironda (que comparte con el Garona).
La gran mayoría de los agentes institucionales que trabajan actualmente en la cuenca hidrográfica del Dordoña lo consideran un río.

Las actividades turísticas que ofrece el Dordoña para sus estancias y vacaciones son variadas: piragüismo, rafting, hidrospeed, pesca deportiva o relajante, natación, vela, remo, motos y esquí acuáticos y, como no podrí ser de otra forma, la agradable navegación fluvial de recreo a bordo de las barcazas.
Embarcación tradicional de la Dordoña, la Garona y la marina del Loira, con fondo plano y poco calado, la gabarra servía para el transporte de mercancías. Esta embarcación se construye en tingladillo, es decir, las tablas que componen el casco se superponen unas a otras y se apuntalan mediante piezas de madera. El cargamento consistía en minerales y productos agrícolas diversos, pero sobre todo madera destinada a tonelería (madera de Auvernia para la tonelería bordelesa, siguiendo el Dordoña río abajo, sal del Atlántico para el norte de Quercy y Auvernia río arriba). En nuestros días, algunas gabarras han sido reconstruidas con fines turísticos.

El valle del Dordoña, con sus magníficos paisajes, y algunos lugares turísticos han sabido conservar el pasado histórico del valle.